Un chat contesta, un equipo de agentes trabaja: el taller completo con un despacho de abogados
TL;DR
Grabación del taller del 24 de septiembre. Montamos en directo los agentes de un despacho de familia: especialistas por tipo de asunto, jurisprudencia verificada en la fuente oficial y un abogado adversario. Vídeo por capítulos y reglas de diseño para cualquier sector.
Joaquín Peña Siles·2 de octubre de 2026·11 min de lectura
A la hora y nueve minutos del taller pinché en el enlace de la primera sentencia que había citado el agente. No abrió.
Estábamos en directo, con la sala delante y gente conectada desde casa, y el agente especialista en modificación de medidas acababa de redactarme un escrito con jurisprudencia que, en teoría, había verificado. Le escribí lo mismo que le habría dicho a un pasante: el enlace de la sentencia 1 no funciona, así que no está bien verificada; arregla tu forma de trabajar para que no vuelva a pasar. El agente revisó sus propias instrucciones y se corrigió. En la vuelta siguiente, las sentencias que no conseguía localizar en la fuente oficial ya no estaban dentro del escrito: aparecían aparte, marcadas como pendientes de verificar.
Esa escena resume el taller mejor que cualquier diapositiva. Al chat le corriges una respuesta. Al agente le corriges la forma de trabajar, y la corrección se queda.
Aquí tienes la grabación completa y, debajo, las ideas clave para quien prefiera leer primero o quiera saltar a un momento concreto.
El vídeo, por capítulos
Son algo más de dos horas. Si vas con prisa, estos son los cuatro tramos:
12:24 · Por qué el chat no basta y qué cambia con un sistema de agentes
25:00 · Onboarding en directo: de «soy un despacho de mercantil y familia» a los primeros agentes
38:00 · El caso de custodia: el planificador, las correcciones al agente y la sentencia que no abría (1:09:00)
Conversación con Joaquín
Cuéntanos un proceso de tu empresa. Te decimos si encaja con agentes.
30 minutos. Análisis técnico, no presentación de producto. Si no encaja, te lo decimos.
1:16:30 · Un caso complejo con empresa en gananciales y Hacienda, el registro que exige el AI Act y las preguntas de la sala (desde 1:41:00)
El toma y daca que te come la tarde
Si usas un chat de IA para trabajar, conoces la secuencia. Le pides un escrito, se deja algo, se lo señalas, te contesta que tienes toda la razón y lo incluye, y cuando por fin el resultado es bueno llevas veinte mensajes de ajustes, aclaraciones y «así no». Al día siguiente abres un chat nuevo y empiezas de cero, porque no recuerda que tú siempre abres con un resumen de los hechos ni cómo te gusta citar la jurisprudencia.
Con una IA jurídica especializada la cosa mejora bastante. Trae por detrás instrucciones para razonar como un abogado y para no inventarse sentencias. Pero razona como un abogado generalista.
En el taller usé la comparación con la medicina. El médico de familia sabe muchísimo y razona en todas las disciplinas, y aun así, con un problema neurológico, te manda al neurólogo: la misma inteligencia de base, con cuatro años de residencia dedicados a otra cosa. En una IA, esos años de práctica son las instrucciones. Un agente con instrucciones de custodia de menores, con el mismo modelo por debajo, contesta sobre custodia mejor que un chat que tiene que saber de todo.
Lo que un equipo de agentes tiene y un chat no
La especialización es la primera ventaja. En el directo se vieron otras tres.
Aprende contigo. Las manías de tu despacho se quedan guardadas en el agente, igual que se las enseñarías a alguien recién incorporado: cómo estructuras una demanda, qué va primero, qué tono usas. Si no te apetece explicarlo, le subes tres escritos tuyos y le pides que saque de ahí tu plantilla.
Conoce tu casa. Se le conecta la carpeta de SharePoint con los casos de custodia que ya has llevado y, en lugar de buscar por palabras clave como hacemos nosotros en el explorador de archivos, construye una IA propia con esa documentación. Aquí hay una trampa técnica que conviene conocer. Muchos documentos llegan escaneados, con gráficas, con planos o con anotaciones a mano, y la mayoría de herramientas se limita a extraer el texto e ignora el resto sin decírtelo. La respuesta te parecerá correcta y convincente, y no sabrás que el dato clave estaba en el plano que no leyó.
Se reparte el trabajo. En un asunto con aristas mercantiles, fiscales y de familia, en el despacho le darías el trozo mercantil a Pepe, el fiscal a Juan y la búsqueda de jurisprudencia a Laura. Un sistema de agentes hace eso mismo: cada uno trabaja su parte con toda su capacidad y un planificador combina los resultados. Un chat solo, con el caso entero encima, se aturulla, se hace un plan simple y se deja cosas por el camino.
Consume algo más de IA por consulta. En el taller lo cifré de forma aproximada: pasar de unos 20 céntimos a un euro, a cambio de que la respuesta buena llegue a la primera y no después de una hora chateando.
Lo que montamos en directo con un despacho de familia
Empezamos desde el onboarding, como cualquier cuenta nueva. Le dije al sistema a qué me dedico (un despacho de mercantil y familia) y qué me quita más tiempo: buscar jurisprudencia y redactar escritos. Propuso tres agentes: un investigador de jurisprudencia, un redactor de escritos y un especialista en derecho de familia.
Le pedí más detalle. Tengo muchos asuntos de familia y compañeros especializados en cada tipo, así que quería esa distinción, y el sistema partió familia en tres especialistas: custodia y menores, liquidación de gananciales y modificación de medidas. La razón es práctica. En una modificación de medidas quizá quieras un resumen de los hechos al principio; en una custodia, lo primero pueden ser las evaluaciones psicológicas de los menores. Metidas en un único agente, esas instrucciones se contradicen, y cuanto más largas y contradictorias son, más fácil es que el agente se enrede o se deje algo.
Después planteé un caso: un divorcio en el que a uno de los hijos le han detectado una discapacidad y uno de los progenitores pide la custodia completa porque tiene mejor horario laboral. Pregunté en el chat general, sin elegir agente, y contestó el especialista en custodia, porque el sistema detecta quién debe responder. Cuando le pedí el escrito con jurisprudencia la tarea pasó a ser de varios y entró el planificador, con un paso para el analizador del expediente, otro para el investigador de jurisprudencia y otro para el redactor.
El resto de la sesión fue enseñarle a trabajar como yo. Le pedí que el especialista en custodia empezara siempre con un resumen ejecutivo, y el sistema reescribió sus instrucciones sin duplicar ni contradecir lo que ya tenían; lo dejó en borrador, lo publiqué y la siguiente respuesta llegó con el resumen arriba. Le pedí que verificara cada sentencia en la fuente oficial y avisara si no la encontraba. Y entonces llegó el enlace roto del principio, que acabó siendo la mejor demostración de la tarde: se lo corriges una vez y el agente lo aprende.
Un despacho con el que trabajamos lleva dos meses usando agentes montados así. En ese tiempo ha detectado un único error en una sentencia, y era un enlace que no abría. Aun así, en la sala insistí en que la revisión humana no se quita nunca: basta una cita que se escape para meterte en un problema.
Cómo ha quedado la cuenta del despacho después del taller
Después del taller seguimos ampliando la cuenta de referencia que usamos con despachos. Hoy tiene dieciséis agentes, además del Copiloto que lleva el correo, el calendario y las tareas:
Especialistas por rama: Familia, Mercantil, Penal, Administrativo y Laboral, y dos asistentes de procesal, uno civil y otro mercantil, para redactar escritos y plantear la estrategia procesal.
Búsqueda con fuente: un Buscador de Jurisprudencia que verifica cada resolución en fuentes oficiales, con su vigencia y su ámbito, y un Buscador de Consultas Vinculantes de la DGT que mira primero la base del despacho y solo entrega consultas con enlace oficial.
El expediente: un Gestor de Documentación de Clientes que extrae los datos clave de contratos, facturas y comunicaciones; un Analista de Casos que contesta como quien se ha leído el expediente entero; y un Repositorio de Casos que hace de memoria del despacho, con los asuntos anteriores, sus estrategias y sus resultados.
Redacción y revisión: el Redactor Legal y el Abogado Adversario, que busca los puntos débiles del escrito antes de presentarlo.
Gestión del despacho: un Gestor de Minutas y Tareas que imputa las horas por expediente para facturar, y un Gestor de Comunidades para los despachos que también administran fincas.
Hay una frase que se repite en las instrucciones de ocho de ellos: la búsqueda de jurisprudencia es competencia exclusiva del Buscador de Jurisprudencia. El especialista en penal, si necesita una sentencia, se la pide al único agente que tiene las instrucciones de verificación. Así, cuando un enlace no abre, como en el taller, la corrección se hace en un solo sitio y vale para todos los que le piden sentencias.
El segundo y el tercer disparo: verificador, abogado contrario y juez
Una IA a la que le pides algo una sola vez puede fallar. Cuando una segunda pasada comprueba lo que hizo la primera, el acierto sube mucho, y con una tercera queda muy poco margen. Buena parte del diseño de agentes consiste en montar esas pasadas.
En el taller vimos dos. Un verificador que, cuando el redactor termina, vuelve a comprobar que cada sentencia existe y dice lo que el escrito afirma. Y un abogado adversario especializado en familia, que coge tu escrito e intenta tumbarlo. En directo encontró el argumento que usaría la otra parte: la discapacidad no decide por sí sola quién debe tener la custodia, lo que hace es obligar a un análisis más exigente. Mejor leer eso en tu despacho que escucharlo en la vista.
Se puede afinar más. Si sabes cómo razona el juez que te ha tocado, puedes montar un agente que lo simule y enfrentarle el escrito antes de presentarlo. El compañero de enfrente también va a trabajar con IA, y la diferencia la marcarán dos cosas: quién la tiene mejor entrenada y quién pone más criterio encima.
Reglas de diseño que sirven fuera del despacho
Lo legal era el ejemplo. Donde dije jurisprudencia puedes poner consultas vinculantes de la Dirección General de Tributos, el Código Técnico de la Edificación, una norma ISO o la normativa de residuos, y las reglas se mantienen:
Un agente por cada tipo de trabajo cuyas instrucciones chocarían con las de otro. Si al redactarlas te sale un «salvo cuando…», probablemente son dos agentes.
Instrucciones de dos páginas como mucho. Con tres o cuatro el agente empieza a enredarse, y toca dividirlo.
Corrige al agente, no la respuesta. Cada vez que algo sale mal, pídele que arregle sus instrucciones para que no se repita.
Si se va por las ramas, es un síntoma de diseño: afina las instrucciones o parte el agente. Puedes pedirle al propio sistema que analice por qué falla y te proponga cómo rediseñarlo.
Uno de los asistentes, que presupuesta obras con una base de conocimiento propia, preguntó si necesitaba un agente por proyecto, o uno para viviendas unifamiliares y otro para naves. La respuesta fue la regla de siempre: empieza con uno general y, si las instrucciones de unos proyectos y otros son demasiado distintas, divide. La intuición del punto justo sale de hacerlo muchas veces.
Lo que preguntó la sala sobre dependencia y cumplimiento
La pregunta más de fondo fue qué pasa si la operativa depende de los agentes y el sistema se cae.
Contesté en dos partes. El conocimiento que metes en los agentes es de la empresa: antes, cuando alguien se marchaba, se llevaba todo su saber hacer, y ahora la parte que vive en los agentes se queda. Y más que una caída de unos minutos, lo que conviene evitar es quedarte cautivo de un único proveedor de modelo que un día cambie sus condiciones o deje de dar servicio en Europa. Por eso en AI Flock el modelo se puede cambiar. Hoy trabajamos con modelos de Anthropic, que son los que dan el nivel que exige el trabajo de empresa a un coste razonable, y cuando los modelos abiertos, que se pueden ejecutar en una máquina propia, lleguen a ese nivel (calculo que en torno a un año), se podrán enchufar en su lugar.
El otro tema fue el Reglamento Europeo de IA. Para los sistemas de alto riesgo, el artículo 12 del Reglamento (UE) 2024/1689 exige que la propia tecnología permita registrar automáticamente lo que hace. En el taller enseñé ese registro en un plan ya ejecutado: qué tarea hizo cada agente, con qué datos entró, qué resultado dio y qué aprobó la persona. Un historial de chats sueltos no cumple esa función.
La competencia que no existía hace un año
Sabíamos que había que aprender a dirigir equipos y a delegar trabajo. Ahora hay que aprender a delegarlo también en agentes: definirlos, darles instrucciones, darse cuenta de cuándo falta uno. Y se aprende creando agentes, dividiéndolos y viendo cómo cambia el resultado.
Lo que se gana es tiempo para la parte que la IA no hace: leer lo que el cliente no te cuenta, ver su punto débil antes que el abogado contrario, pensar cómo plantear el caso. Quitas horas de redacción y las pones ahí.
Si quieres probarlo con tus propios asuntos, abajo tienes el acceso. Y si prefieres verlo primero sobre un proceso concreto de tu empresa, cuéntanos un proceso en una llamada de 30 minutos.
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